jueves, 6 de marzo de 2014

Mafaldita preciosa

Mafalda cumple cincuenta años de viñetas inconformistas y su espíritu rebelde cobra más vigencia que nunca en un mundo convulso, porque “muchas de las cosas que ella cuestionaba todavía siguen sin resolverse”.
Es la síntesis del dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado, o Quino, que dio vida al célebre personaje entre 1964 y 1973 y que cinco décadas después recibe en el oeste de Francia el homenaje de la muestra europea más importante del cómic.
“A veces me sorprende cómo algunas de esas tiras dibujadas hace más de cuarenta años todavía pueden aplicarse a cuestiones de hoy”, explica a la agencia Efe, por correo electrónico y desde Madrid el dibujante de 81 años, que declinó la invitación para asistir al festival del noveno arte por motivos de salud.
En esa apacible ciudad que emerge entre los meandros del río Charente y que cada año recibe a cerca de 200,000 ilustradores, guionistas, editores y apasionados de las historietas, los organizadores del festival reconstruyeron el apartamento en el que vivía Mafalda.
Y también han levantado el aula en la que Mafalda arrojaba su punzante sinceridad o el almacén del bruto de Manolito, uno de los inseparables compadres de la pequeña del lazo, junto con Felipe, Susanita, Miguelito, Libertad o Guille.
Junto a esa recreación del mundo inventado por Quino, reflejo de la clase media progresista de la Argentina de los años sesenta, la muestra ha reunido tiras originales, reproducciones y material que sirvió de inspiración al dibujante de esa célebre niña de seis años con un lazo en la cabeza a la que no le gusta la sopa.
 
Mafalda fue un “paréntesis” de una década en los sesenta años de profesión que atesora Quino, que jamás dejó “de hacer ese tipo de páginas donde yo hablaba del monetarismo y la indiferencia frente a dramas sociales, con el agravante de que en temas de la humanidad, como dije antes, la situación no cambia”, recuerda.
Por eso no es extraño que esa niña idealista y sincera, la cual contrastaba sus inquietudes con un mundo adulto que no le ofrecía respuestas satisfactorias, siga en plena forma en el siglo XXI.
Y, aunque Mafalda es solo una historieta, insiste su creador, deja traslucir matices de la personalidad de quien le dio vida, que se define como “un pesimista” con la ilusión de que sus trabajos sirvan “para cambiar algo”.

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